Infrarojo (lo que no vemos)

siento tanto
que ya no sé qué siento
si respiro o voy muriendo
en cada golpe de gravedad.

pienso tanto
que ya no siento
forzando lo que es
y mintiendo las verdades
que oscuras se hallan
en el fondo de mi

vivo poco
en base a lo que siento
y pienso, qué desgracia
no aprovechar un cuerpo
no llenarlo de posibilidades
y hacerlo sentir inmenso.

siento, pienso
vivo, recorro
siempre peleándome
con todo aquello interno

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Morite (en mi)

todavía duele
lo que no dije
lo que hice
y lo que guarde para después

todavía duele
porque sé que me convertí
en ese cubo negro
del que tanto hablabas
y con el cual muriera (hoy)

pienso en tus palabras
noches enteras
queriendo matarte
por todo lo demás que callaste
y tu sangre ahora lo recorre.

todavía duele
las promesas imposibles
la esperanza de pegar
lo que ya se había roto
y que quién más que yo
quería arreglar.

no aparezcas más
no necesito tu recuerdo
fuiste, sos y serás
un cubo negro
vacío por dentro
y cobarde por fuera.

You

es el poder de la atracción

el vacío y la destrucción

las confesiones matutinas

lo que explota en nosotros

te quiero para mi

para mis macabros planes

para mi sed de búsqueda

para mi placer fugaz

acercate

besame

y acepta lo que viene

es el poder de la atracción

lo que nos va a matar.

Largos pasos

Buscame

en el rincón del olvido

en la caricia impensada

en la mirada perdida

Buscame

en tus manos danzantes

en tu boca llena de colores

en tu voz

llamándome tormenta.

Buscame

en soledad impenetrable

en alegrías abismales

en futuros inciertos.

Buscame

cuando quieras

pero prometeme

nunca te aferres a mí.

Entre temores y temblores

Le temo a la muerte

a su incertidumbre

a aquello desconocido

y a su eterna espera.

Le temo a la muerte

porque no anticipa

no hay lucha ni enfrentamiento

no hay nada más

que podamos decir.

Ni estas palabras

ni las de tantos poemas

podrían ayudarme

a evitar la muerte.

Le temo porque la respeto

porque sé que algún día

sin saberlo

llegará

Y siento, y temo

nunca voy a estar preparada.

¿Estoy viva aún?

De cristal

Siento que en algún momento me rompí, me quebré como un cristal. No me agrada no saber cuándo fue, o por qué fue. Es algo que empecé a sentir hace poco, y no logro librarme de ese horrible sentimiento. Saber que en cada paso que voy, voy juntando mis piezas, y las piso, y me corto los pies. Camino sobre la sangre, no me importa hacerlo. Pero hoy sí me importó.
Hoy decidí poner en palabras esto que me pasa, este sentimiento, este pensamiento que no quería admitir. Porque no sólo yo me corto los pies, en el recorrido voy lanzando pequeños cristales que lastiman a las personas que quiero. Y no quiero lastimarlos, porque en definitiva, son mi única salvación. Pero no puedo detenerme, simplemente sigo haciéndolo, consciente de todo el mal que causo. Quizás lo más honesto y sencillo sería pedirles que dejen de rodearme, que simplemente corran y huyan de mí. Que busquen a alguien que no esté roto, que brille con su presencia. Yo no puedo darles lo que merecen. O al menos eso creo ahora.
He puesto mi esfuerzo en muchas oportunidades, aún si eso me terminaba lastimando más a mí. Pero no lo logro. En cada intento es peor, y ya no sé qué hacer. Hoy sentí que quería desaparecer del mundo, simplemente dejar de existir. Pero soy muy cobarde para hacer eso, y sentiría mucha culpa si algo de mí quedara flotando en esta vida. Seguiré existiendo.

Beber del agua ajena

Estoy deshidratada de amor.
Me siento correr hacia una luz que no sólo se aleja cada vez que intento alcanzarla, sino que desaparece cuando más la necesito, y vuelve, cuando mis piernas se cansan de perseguirla.
Las mañanas son felices y las noches son un deja vu constante, un holograma se aparece frente a mí con los recuerdos y los momentos especiales.

Estoy deshidratada de felicidad.
El dolor es necesario para vivir, uso al dolor, éste no me usa: yo le otorgo el fin que quiero, y él simplemente habita en mi cuerpo. Me recorre como un río, y por las noches siento cómo me mira desde un rincón, temeroso de abandonar a mi cuerpo y que el amor le plante una batalla. Mañana será otro día, dice, y descansa pensando en su próxima coartada.

Estoy hidratada de dudas.
Tantas preguntas me apuñalan, buscando en mi sangre la respuesta, dejándome vacía sin posibilidad de responderlas; preguntas absurdas, incapaz de contestar, preguntas capciosas, llenas de dolor y miedo. No parecen querer irse, son como cuchillos que bailan a mi alrededor y que de pronto, sin darme cuenta, empiezan a clavarse en distintas partes del cuerpo, donde el dolor es sólo un señuelo y nuevamente me siento deshidratada.

Estoy hidratada de miedos.
¿Qué es lo que me muestra el espejo? A veces me quedo mirándolo fijo mucho tiempo y empiezo a creer que no sé quién soy. Es decir, estoy ahí, parada, mirando un cuerpo, unos ojos, una boca. Las manos temblorosas, las piernas chuecas. ¿Quién soy?, me pregunto, como si alguién pudiera contestar por mí. Y si me quedo un rato en silencio, sin ninguna intención de responder, empiezo a sentir que los latidos de mi corazón son más lentos y que su decisión drástica de latir más lento se debe a que la respuesta es todo lo malo que puedo llegar a escuchar. Vuelvo en sí y salgo del espejo.

Estoy deshidratada e hidratada de todo a la vez.
Absorber las emociones de formas espontánea, llevar con elocuencia cada paso que doy en la vida, no parece ser mi fuerte, y honestamente creo estar lo suficientemente deshidratada como para estar hidratada también. Por la mañana los miedos, por la noche quedan en el espejo.